Por: Macarena Jorge Caamaño (Columnista SFF)

En la tribuna hay un par de piecitos que no llegan al suelo. Así de inquietos como los ojos que van de un lado al otro, y se pierden en el verde del césped. Y los piecitos se mueven cada vez más porque quieren que empiece el partido. El bombo de la hinchada va al compás de su corazón ansioso. Los piecitos se siguen moviendo, sin tocar el suelo. De golpe, los piecitos están en el piso: Aparecen las jugadoras.

Los piecitos flotan por milésimas de segundos de los saltos que pega, porque el partido está por empezar y ahora es cuando. El bombo suena más rápido, su corazón también. Los ojos más inquietos que nunca; escanea jugadora por jugadora, mira, vuelve a mirar hasta que la encuentra. Ya la vió, ya la encontró. Se graba en su retina el mejor momento del dia. Ahí está, ella es. Su jugadora favorita: su ídola. Está ahí abajo, en el pasto, y menos mal que ya se viene Navidad porque quiere su camiseta de regalo.

Los piecitos firmes en el suelo de la tribuna, de a ratos en pinturas de pie para no perder el recorrido de la pelota. Los ojos eclipsados cada vez que su jugadora la pisa, engancha, la toca y vuelve a pisar. No es Disney, no es una princesa, porque con los tacos y el vestido no podría gambetear como gambetea.

Los piecitos van a llegar al suelo, y darán pasos firmes en un césped que hoy también es de ellas. Y lo será para siempre. Los piecitos van a llevar la historia en los botines para romper todas las redes estereotipadas y prehistóricas.

Hoy también ellas tienen sus ídolas. Hoy también ellas gritan sus goles. Hoy también ellas son sus dorsales. Hoy, y mañana también, el fútbol es y será todo para ellas.

Viernes 6, diciembre de 2019

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