El 10 de junio de 2019 volvió a sonar el himno más lindo de todos en un Mundial de fútbol femenino. Después de 12 años, no sólo un himno fue silenciado, sino miles de voces. Pero esa tarde, en el viejo continente, 23 jugadoras irrumpieron un silencio de décadas.

Por: Macarena Jorge Caamaño (Columnista SFF)

Hace 365 días que el “Oid, mortales” en el Parque de los Príncipes nos erizaba la piel, nos hacía saltar el corazón, atravesar el televisor y que el océano Atlántico se consuma anulando distancia alguna, porque estábamos ahí, con ellas. Cuando te gambetearon toda la vida, te dejaron comiendo césped y las palabras se vuelven insuficientes para reclamar las desigualdades, no hay mejor artilugio que hablar con una gambeta. O con dos, o tres, o todas las que Banini nos hizo alucinar frente a Japón. El Mundial nos sacudió el alma y avivó una esperanza que estaba aletargada en un escenario hostil, desigual y adverso.
Francia 2019 nos volvió ateos y ateas a los resultados del marcador, porque los verdaderos cambios son para siempre, no durante 90 minutos. No hay hazaña más fiel y nuestra que la de patear una pelota, y así decir todo lo que no se puede explicar en palabras. En los rincones inhóspitos de la historia nacional de nuestro deporte, se sacudió el polvo sobre los nombres de mujeres protagonistas, el Mundial de Francia reactivó la memoria colectiva para que nunca, pero nunca más, sean olvidadas de nuevo. Tras 12 años de ausencia en la copa más linda de todas, la posibilidad de tener a nuestras referentes, nuestras ídolas y nuestras representantes futbolistas fue como ver el amanecer desde la torre Eiffel mientras el resto todavía duerme.

Foto: Gentileza FIFA

Francia 2019 ya es parte del libro de historia de nuestro fútbol femenino nacional. Fue el gol agónico de los 90 minutos, ese que crees que no va a llegar, pero cuando se viene la noche y la sentencia parece inminente, las cuerdas vocales se tensan y el grito de gol rompe hasta el silencio más profundo. Y nuestras jugadoras, de hecho, venían haciendo mucho ruido hasta pisar el Parque de los Príncipes. No podemos hablar del Mundial de Francia 2019 sin remontarnos a los dos años de inactividad por falta de inversión que decidió llevar a cabo la Selección Mayor en el 2016. Un reclamo que no fue suficiente para las autoridades, pero allí se estaba gestando el grito que desestabilizaría bases obsoletas. Llegó la Copa América de Chile 2018, cuando todas las convocadas para la competencia internacional posaron con el banner de Conmebol imitando al famoso Topo Gigio de Riquelme.Tras constantes destratos, bajas, renuncias de referentes y faltas de recursos para jugar, querían ser escuchadas, y así fue. En noviembre de ese mismo año, el grito vino en forma de pasaje; tras ganar el repechaje contra Panamá en una cancha de Arsenal repleta, la Selección argentina se clasificó, después de 12 años (tres mundiales) de ausencia, a Francia 2019. El grito se intensificó en enero de 2019 cuando Macarena Sánchez denunció públicamente a su ex club, la UAI Urquiza, exigiendo ser tratada como una trabajadora del fútbol. Con un grito cada vez más fuerte durante los primeros meses del año, el 16 de marzo se anunció el convenio de “profesionalización” del fútbol femenino desde AFA. Indistintamente de las promesas sin cumplir en una profesionalización de cartón desde las autoridades, la consecuencia social de la lucha de nuestras deportistas comenzaba a materializarse. Llegó junio, y el resto es historia.

Foto: Gentileza AFA

Volver a jugar un Mundial en un año como lo fue el 2019, nos hizo desprendernos del resultado del marcador y dejar de reforzar la idiosincrasia argentina de que gana el que mete goles, que solo gana el campeón. Porque el gol que necesitábamos ya estaba hecho y cada paso es una copa levantada. No es tibieza, es el sentido de pertenencia por recuperar lo robado durante décadas. El grito sagrado de un marcador tácito fue el del cambio social y cultura que marcó Francia 2019. Que marcaron ellas, y todas quienes empujaron la pelota sin estar dentro de la cancha. Hace 365 días volvimos a creer que las luchas por conquistas de derechos usurpados no son anacronismos. Que aunque el día del partido diluvie desde el vestuario, juegues de visitante y probablemente la pelota casi ni ruede, siempre puede aparecer el gol agónico con gambeta incluida que te haga zafar del constante naufragio. Un año del Mundial que nos hizo volver a creer, que fueron, son y serán ellas. Que el cambio no llegó de la mano de poderosos eternos con traje y sueldos, sino del pie de mujeres que visten la celeste y blanca. Francia fue el abrazo transoceánico que nos permitió volver creer que mientras una mujer pise una pelota, las hazañas llegan en cualquier momento.

Foto: Gentileza FIFA

Martes 10, junio de 2020

Comments are closed, but trackbacks and pingbacks are open.