«¡Cómo que no es penal!» – le grité al televisor mientras repetían como la escocesa tiraba a Cometti dentro del área. Por un minuto pensé que se nos iba a dar. Que se les iba a dar. La árbitra detiene el partido, se lleva la mano a la oreja: el VAR hizo su magia. Penal para Argentina y mi corazón me pasaba factura. Bonsegundo y los 12 pasos. Se perfila, patea y se lo atajan. De verdad, pensé que se les iba a dar. Qué cerca estuvimos.

Por: Macarena Jorge Caamaño (Columnista SFF)

¿Creen en las segundas oportunidades? Creí en ellas cuando el VAR hizo su magia por segunda vez, porque Alexander atajó adelantada. Seguía gritándole al televisor, sin entender que Bonsegundo no escuchaba mis súplicas. Cerré los ojos por dos segundos, los abrí y Florencia seguía ahí: 12 pasos del arco, mirándolo. Los cerré de nuevo. Al segundo decidí abrirlos, porque me iba a perder uno de los mejores momentos de mi vida. Esos que los pones en un cuadrito y lo ves todos los días. Y te emocionás todos los días. Pateó, y apenas la pelota cruzó la línea blanca del arco, mis ojos se convirtieron en una fuente de agua. El corazón se me quería salir y probablemente mis cuerdas vocales ya no existían.

¿Cómo no se les iba a dar? Ese 19 de junio supe que la deuda eterna para con el fútbol femenino en Argentina comenzaría, lentamente, a pagarse. Ese grito de gol era la voz silenciada de décadas enteras de sueños amordazados, pero los pies nunca atados. Siempre pateando. Para adelante, contra el peor pronóstico, contra el peor rival, que, de hecho, no era Escocia.

Lejos de un «grito sagrado», fue el grito adeudado. Ese del que nos privaron por tanto tiempo gritar. Ese que llegó tarde, pero llegó, o mejor dicho: ellas lo hicieron llegar. Ese que sale desde lo más adentro del corazón y construye un futuro esperanzador para que las ausencias y los silencios no existan más. Ese, el que te llena las pupilas de fúbol y el corazón de alegría y esperanza.

Porque eso es el fútbol femenino: esperanza.

Lunes 30, diciembre de 2019