POR UN FÚTBOL SIN VIOLENCIA


Los incidentes protagonizados por hinchas de San Lorenzo y Huracán durante la final de futsal femenino el pasado jueves 20, evidenciaron no solo el refuerzo de una dinámica sexista de negación y exclusión de la mujer de las prácticas deportivas, sino además la necesidad de autonomizar el fútbol femenino de la hegemónica cultura del aguante.

Por Yamila Larroude (Lic. en Comunicación Social)

La “masculinidad” construida en y por el fútbol trasciende la práctica deportiva y se reduce a una cuestión de identidades y territorialidades defendidas, a estéticas y retóricas bien definidas, siempre construidas desde el antagonismo. Uno es lo que no es el otro. Y el otro es siempre un “cagón”. De esta manera, el enfrentamiento entre hinchadas, carnavalesco y estructurado por un lenguaje machista, xenófobo y homofóbico, ha sido concebido durante mucho tiempo un fenómeno atractivo del fútbol argentino.

En Argentina, mientras el fútbol masculino oscila entre robar una bandera y “dar la vuelta”, el femenino no logra antagonizar aquellas categorías que conforman el campo discursivo futbolero y ocupan un lugar privilegiado en la constitución identitaria masculina: puto – cagón – huevos – pecho frío – la vida por los colores, etc.

Si bien es cierto que el fútbol femenino se halla en un momento bisagra – la televisación y la mayor cobertura mediática de la disciplina constituyen ejemplos contundentes – sobreviven en él instituciones y valores patriarcales propios de un mundo hecho por y para hombres.

La inexistencia de un sujeto colectivo y una praxis política feminista que dispute sentido a la visión heteropatriarcal en el fútbol, explica la colación del “aguante” y la reproducción de la histórica subalternidad de la mujer en el ámbito deportivo.
En ese sentido, lejos de resultar solidaria, la predominancia del público masculino en las tribunas de futsal y fútbol 11 femenino, lastimosamente hacen pasar un interés particular como general, imponiendo un sistema moral que divide al mundo entre amigos y enemigos, entre machos y putos.

Viernes 28, septiembre de 2018