Las chicas, entre inglesas y sus propios acantilados


Las pibas tenían una parada dura en el norte de Francia. Esta vez tocó viajar a Normandía y sus acantilados para ser testigos del segundo encuentro mundialista nacional. Acá va una nueva crónica de Francia 2019.

Por: Lucas Fernández Réndina (Corresponsal / Mundial de Francia)

La ruta que une a París con Le Havre es realmente una ruta verde. Eso pensaba mientras el auto compartido en el que me encontraba se abría camino a través de los frondosos bosques de Normandía. El clima estaba húmedo y esa humedad fue aumentando a medida que avanzábamos. A mi llegada me esperarían Matthew y Romain, dos hermanos franceses que conocí en Febrero cuando pasé una semana en Londres. Se pusieron muy contentos cuando les dije que existía un argentino que pensaba visitar su provincia para ir a un partido de de la copa del mundo femenina. Inmediatamente ofrecieron su casa en Rouen, cuarenta minutos al sur de Le Havre, para dormir el día del partido. También me dijeron que se sumarían a venir conmigo a la cancha, y eso terminó siendo un lindo detalle de la jornada que quiero hoy escribir.

Foto: Gentileza FFA

Había leído que Le Havre era una ciudad-puerto, y con razón: hasta el shopping más grande y circulado de la ciudad recibe el nombre de “Docks”, ya que fue construido reutilizando viejos galpones y astilleros abandonados. El norte de Francia, vale la pena decir, ya tiene otro aire (más europeo, no tan francés y más inglés) y otros precios (más caros que el promedio). Fue justamente con Matthew que durante toda la jornada previa al partido recorrimos Le Havre y para no pedir más, también nos mandamos una escapada fugaz a Etretat. En nuestro pequeño rincón de periodismo turístico vamos decir que éste último lugar, es un paraíso que combina playa y acantilados sobre el canal de la mancha. Vale la pena visitarlo si uno anda por estas zonas.

Volviendo a la previa y al clima futbolero, en Le Havre los ingleses e inglesas eran claramente locales: lo supe desde que di mis primeros pasos por el centro. Abundaban camisetas rojas y blancas por todos lados, sobre todo en las mesas de afuera de cualquier pub local, donde entre pintas y más pintas de cerveza, el inglés le ganaba al francés como idioma principal y por afano. Si lo pensamos dos segundos, en casi solo cuatro horas uno puede comenzar manejando en Dover, Inglaterra, atravesar el canal de la mancha y llegar a la ciudad que alojaba el encuentro de la fecha. Cuatro horas contra catorce, quince o veintisiete (si metemos escala) que nos tocan a nosotros si queremos cruzar el inmenso Atlántico (y claro, también si lo podemos pagar).

Recorriendo la ciudad, encontré un detalle a favor de la Fifa para destacar. Fue la cantidad de indicaciones y decorados sobre la copa del mundo que pude encontrar a disposición del turista. Tanto en el puerto pintoresco, ese de cientos de veleros y yates estacionados, como en las partes mas residenciales o populares de la ciudad costera, como puede ser la entrada de un supermercado Carrefour. Fue así que nos enteramos por ejemplo, de la posibilidad de tomar un bus gratuito desde la estación central hasta el estadio Oceane. También para remarcar: el Fifa Fan Experience de dicha ciudad se encuentra sobre la playa, nada mal para un día de calor.

Foto: Gentileza FIFA

Al partido llegamos, como nos gusta decir a los argentinos, sobre el pucho. Parece que nos habíamos entretenido mucho con nuestra escapada a Etretat. Sin embargo, hubo una buena: un amigo de Romain (el mayor de los franceses) nos consiguió entradas de protocolo que habían llegado a su empresa y claramente mejoró instantáneamente mi ubicación, de tener tickets para ver el partido desde detrás del arco, pasé a verlo sobre el costado, justo a la altura de las cámaras de televisión y debajo de las cabinas de prensa. Ahora me acerco más al rol de periodista, pensé cuando veía todo eso.

Por llegar sobre el pucho, me perdí los himnos, es verdad, pero llegar al estadio con todas las jugadoras ya sobre el campo y la excitante música de la Fifa anunciando el comienzo del match de fondo tuvo también su gusto extra. El estadio oceane, aunque más chico que el Parc des Princes, me pareció una verdadera joyita. Bien cuidado, moderno, accesible y amplio. Me gusta cuando uno puede ver el cielo por arriba de las tribunas.

Y llegamos al fútbol, ¿qué decir del partido? Voy a escribir nuevamente, lo que vi y sentí como espectador, tratando de ser lo más sincero posible. A las chicas las vi desde el comienzo, más nerviosas que en el partido contra Japón. Las vi con menos viveza, o quizás menos posibilidad de transmitirla.

Foto: Gentileza FIFA

Quizás el rival lo justificaba, Inglaterra demostró sus cartas en ofensiva desde los primeros segundos. Alentadas por varios de miles de inglesas e ingleses que aplaudían y cantaban a coro, cruzaban la pelota con facilidad de un lado al otro del campo, hacían diez pases en menos de un minuto, Nikita Parris y Bethany Mead desbordaban y tiraban centros desde cualquiera lado. Eran aviones, y encima aviones entrenados para volar en grupo.

A nuestras chicas les pasaba lo contrario, todo les costaba el doble, o el triple. Si podían dar cuatro o cinco pases seguidos era mucho, los pelotazos eran pelotazos perdidos, el equipo estaba mucho más separado que contra Japón: Estefanía o Sole quedaban siempre solas contra cuatro inglesas, entre Lore Benitez, Miriam Mayorga y Ruth Bravo había mucho espacio a pesar de ser ellas las tres mediocampistas centrales. Para colmo, la desventaja del público: esta vez estábamos más agrupados, pero nuestros cantos eran simplemente superados en el número de gargantas. Si el gol inglés tardó tanto en llegar, hay que decirlo, es casi magia y obra de Vanina Correa (que atajó un penal increíble y un mano a mano más increíble promediando el primer tiempo) y nuestra línea defensiva, que mantuvo su potencia y lucidez hasta cuando pudo. Esta vez me gustó mucho la presencia de Agustina Barroso en defensa.

Paradójicamente, el gol inglés llegó de contragolpe. Fue una jugada clave para Inglaterra y el comienzo del fin para nosotros, porque fue justamente una jugada en la que Argentina se animó. Se animó y pagó por animarse y así la confianza remanente desapareció. La velocidad de las inglesas por los extremos esta vez pudo más y Taylor apareció para empujarla y meter la más fácil que tuvo Inglaterra, nuestra arquera, vale la pena repetirlo, se había ocupado de evitar todas las dificiles.

Foto: Gentileza FIFA

El resto del partido fue raro, si me preguntaban a mi, yo ya me esperaba una lluvia de goles. No pasó y no sé porque verdaderamente. No sé si Inglaterra soltó el pie del acelerador, no sé si la Argentina tuvo suerte. No tuvimos muchos recursos o ideas para empatar la historia. Creo que hay una estadística que muestra una diferencia clave en el juego de ambos equipos: las inglesas conectaron 568 pases durante todo el encuentro, las nuestras 190. A pesar de eso, las ganas con que las inglesas gritaron el 1-0 demuestra que las chicas fueron hueso duro de roer.

Me pareció que en un momento del partido, exactamente cuando Estefanía Banini salió reemplazada por Mariana Larroquette, un mensaje claro bajó para todo el equipo: olvidémonos de toda esta historia de inglesas, acantilados y franceses, nuestro partido y nuestra oportunidad es contra Escocia. Todas nuestras fichas a ese partido que hasta, por cuestiones matemáticas y el puntazo logrado contra Japón, nos puede hacer terminar segundos.

Foto: Gentileza FIFA

Hablando de terminar, quiero terminar diciendo esto: quizás así escritas las cosas, parece que estuve siendo un poco duro con el equipo nacional, que no estuve teniendo las innumerables vallas y obstáculos que, quizás solo por el hecho de ser mujeres, las chicas tuvieron que saltar y vencer para llegar hasta aquí. Todo lo contrario, como escribí en mi primera nota, estaré eternamente agradecido con este grupo de jugadoras argentinas, que le hicieron vivir a este amateur periodista y casi sociólogo, un atardecer mundialista de verano francés. Un sueño de la infancia. Todavía tengo en mis ojos ese vuelo cósmico de Vanina, tapándole el penal a Parris y diciéndonos a todos que cuando hay corazón, todo es posible.

Lunes 17, junio de 2019