La muralla argentina en el Parque de los Príncipes


Relato en primera persona del puntazo histórico logrado por las pibas en el debut de la Copa del Mundo femenina 2019 ante Japón. Cómo lo vivió un hincha, hoy disfrazado de periodista.

Por: Lucas Fernández Réndina (Corresponsal / Mundial de Francia)

Se hizo el Lunes 10 de Junio. París amaneció dudando como siempre entre las nubes y el sol. A desayunar y a leer las noticias del país: sorprendía no ver nada en la portada de algunos importantes medios deportivos nacionales sobre el debut de las chicas. Al mismo tiempo me di cuenta que mi remera de la selección estaba sucia, me la jugué con el programa rápido del lavarropas. Seguro se seca, pensé. Los primeros mensajitos de la familia aparecieron recién cerca del mediodía: “Vamos hoy las pibas en el debut, suerte!”. Lógico, si uno entiende las cinco horas de diferencia que existen entre esta parte del mundo y la madre patria. A eso de las dos, antes de almorzar, me mandé una escapada a una especie rara de ciber café y tienda de celulares (de esos negocios híbridos que abundan en Francia) a imprimir los tickets para el partido. La fifa nos había mandado expresamente un e-mail diciendo que no se aceptarían tickets que no hubiesen sido imprimidos. La gauchada me la hicieron unos senegaleses muy buena onda
que se interesaron bastante por el partido de Argentina y el precio de las entradas. Después del almuerzo, la camiseta de la selección estaba seca. Entradas impresas y camiseta limpia, argentino listo para salir al estadio.

Foto: Gentileza AFA

A las cinco y monedas ya recorría las inmediaciones del Parc des Princes (Estadio hogar del PSG). Las camisetas blancas y celestes empezaban a aparecer en los alrededores. Algunos habíamos llegado en subte, otros caminando, otros en Uber y quizás algunos usando el sistema de bicicletas públicas que tiene Paris. En mi caso fue en la línea nueve del metro. Párrafo aparte para el semejante universo de transporte subterráneo que ésta ciudad ofrece. Viajé al lado de una pareja de argentinos y una pareja de japoneses amigos de ellos: la rivalidad futbolística expresada en verdadera amistad, como debería ser. Hay que decirlo, en el subte nos aventajaban los asiáticos casi en una proporción de tres a uno. Sin embargo, tanto en ese vagón como durante toda la jornada, los franceses y sus familias fueron quienes representaban la mayor parte del público presente.

El estadio de fondo, impactante. La organización de la FIFA para los ingresos, impecable. Me llegó de una manera muy linda el colorido de los carteles ploteados con la tipografía oficial y las gigantografías de la mascota-gallina Ettie, quién oficialmente es la hija de Footix (aquel gallo que supo ser mascota oficial en Francia 1998). Sabrán algunos lectores las conexiones emocionales que guardo con aquel mundial de fútbol masculino que sucedió hace veintiún años. Afuera del estadio un grupo de chicas francesas, quizás pertenecientes a un equipo de fútbol juvenil, alegraban la tarde con cantos, bailes y aplausos.Pasamos los cacheos sin problemas y a subir las escaleras.

Dentro del estadio, ver el cielo por arriba de las tribunas y sentir la inmensidad: éramos muchos pero estábamos separados. Las argentinas y los argentinos que ayer esperábamos en las tribunas el debut nacional nos mirábamos a los ojos transmitiendonos casi telepáticamente una idea: ¿Quién arranca el primer “vamos vamos Argentina?”. Era muy difícil y fue muy difícil durante todo el partido, porque aunque sabíamos que estábamos ahí, aunque cada tanto veinte, treinta o cuarenta de nosotros manteníamos con nuestras gargantas un esperanzador “Argentina, argentina”, el masivo público internacional arrancaba con su tan cool “ola”, o esos aplausos sin canto alguno tan despersonalizados, tapándonos así, cualquier intento de aguante propio. Yo me miraba con un compatriota con la camiseta de Boca, unos asientos más adelante, y nos entendíamos perfectamente sin palabra alguna: “Mirá la pareja de brasileños hinchando por Japón que me tocó al lado”. “Te entiendo, yo tengo una familia entera de franceses más emocionados por el paquete de maní que se están comiendo que por el partido” le respondía yo.

Foto: Gentileza AFA

En la previa, hubo dos cosas que me situaron en la “situación mundial”: una, la salida de los equipos con la música de la FIFA a todo trapo, la segunda el himno sonando fuerte en la tarde de Francia. Aún así, me seguía faltando ese calor futbolístico tribunero. Como dije, éramos muchos, pero estábamos separados ante la masividad del Parque de los Príncipes. Por suerte, las pibas, ahí dentro de la cancha, también ante la masividad mundial y el mismo estadio, se mantuvieron unidas como una verdadera muralla.

Y hacia ahí nos adentramos, hacia lo futbolístico. Aunque vale siempre preguntarnos: ¿Cuántas veces lo deportivo fue y será causa o efecto en relación directa con eso que llamamos emoción tribunera? Pero no importa, esos debates se lo dejamos a los sociólogos recibidos. Hablemos entonces si, del partido que las pibas jugaron como espartanas defendiendo su ciudad. Vale la metáfora tomada prestada al hockey: como leonas. Las chicas fueron una firme muralla que por momentos se animó con coraje.

Voy a empezar así, lo que yo no sentí ayer como espectador, fue esa diferencia abismal que supuestamente existía de antemano entre las japonesas y nuestras chicas. Sí se notó una diferencia de velocidad, también se notaba una claridad y una decisión más firme al atacar por parte de las niponas, pero ambas cosas se neutralizaron en casi todos los minutos del partido por la tenacidad argentina en defensa, por esa línea de cuatro firme que sacaba todo lo que caía al área y por la viveza deportiva de las chicas. Y ojo, no hablo de viveza ventajosa y mal intencionada, hablo de lucidez. Lucidez, quizás sudamericana, a la hora de entender el juego. Lucidez que se transmite tanto a la hora de manejar los tiempos del partido, como a la hora de saber cómo presionar y robar legítimamente la pelota al rival solo por la forma de parar el cuerpo. Es algo que no se puede describir demasiado con palabras porque se siente como espectador y se transmite a través del lenguaje corporal y las actitudes de las jugadoras. Entonces eso es lo que puedo asegurar como espectador allí presente: el equipo argentino tuvo viveza y lucidez para jugar al fútbol ante un equipo como el japonés. Si me apuran para elegir una jugadora en la que vi reflejado todo eso, es en Lore Benitez.

Foto: Gentileza AFA

Lo que también tuvo ayer argentina es fuerza. Se vio en su línea defensiva. Un colega mexicano que también asistió al match y con el que intercambié palabras en el subte de regreso me dijo algo que concuerdo: Las japonesas tuvieron más velocidad y dinámica, pero las argentinas ganaron todas las divididas, fueron con mucha y buena intensidad en todos los choques.

Y lógico que no fue todo lindo ni color de rosas. En el ataque todavía nos falta seguridad, confianza y volumen de juego. Sole Jaimes estuvo muy sola arriba, necesitaba bajar muy seguido para tomar contacto con el balón, Estefanía Banini (en quien también claramente veo representada la viveza y lucidez de este equipo) y Flor Bonsegundo, estuvieron muy separadas y distantes en cada costado. Creo que no tuvimos un remate claro al arco. Jugamos demasiado amplio y largo por momentos, nos faltaron conexiones de creación y faltó animarnos más, como demostramos que podíamos en los últimos quince minutos de juego. Justamente, en esos minutos en los que el tímido público internacional del Parc des Princes más se entusiasmó con lo que pasaba dentro del campo.

Pero yo, vuelvo a repetirlo, sólo un espectador hoy jugando a ser periodista, me quedo con la idea de que las japonesas en ningún momento nos sacaron a bailar como anticipaba el predictor de resultados de Google. Me voy contento porque sentí el desconcierto del último subcampeón mundial al no poder penetrar con claridad la muralla lúcida de las pibas. Y creo que ayer la explicación de nuestro lado fue justamente esa, y la vuelvo a repetir: viveza, lucidez y fuerza. Fueron esos tres pilares los que consiguieron ayer el primer punto del fútbol femenino nacional en la historia de los mundiales. Fueron esos pilares los que generaron la alegría de las chicas al terminar el match entre festejos, abrazos, promesas y sonrisas.

Quizás estuvimos separados durante el partido, pero cuando volvíamos a nuestras vidas parisinas y el Parc des Princes comenzaba a quedar ya de fondo como un recuerdo reciente, las argentinas y los argentinos que nos mirábamos a la cara nos transmitíamos telepáticamente otro mensaje: en Francia y con estas pibas, vamos a dar batalla.

Junio de 2019