FÚTBOL: SÍMBOLO PATRIARCAL


Indefectiblemente en Latinoamérica, y marcadamente en Argentina, hablar de fútbol es hablar de machismo. El fútbol es un símbolo patriarcal, que nos recuerda de una u otra manera que existe una estética carnavalesca que lo organiza, y una retórica que estructura todo un lenguaje profundamente misógino, homofóbico y xenófobo.

Por: Yamila Larroude, Lic. en Ciencias de la Comunicación

Sociológicamente conocido como “cultura del aguante”, estas formas de expectación, juego y vivencia del balompié, conforman el campo discursivo desde el cual se interpela un tipo de subjetividad que encuentra una relación entre el fútbol y ser hombre. Así, las categorías “femenino” y “mujer” quedan eminentemente excluidas del deporte más popular del mundo.

Estas configuraciones discursivas patriarcales ponen de relieve una problemática de género, ineludible a la hora de evaluar el papel de la mujer en el deporte, su inserción y desarrollo profesional como actora directa – jugadora, árbitra, dirigente o entrenadora – dado que estructural y económicamente las mujeres tienen menores posibilidades de profesionalización que los hombres.

La problemática es de índole social, cultural y política, en tanto las instituciones sociales y deportivas reflejan una sociedad dicotomizada y disciplinada entre la(s) pelota(s) y las muñecas.
La falta de recursos humanos y estructurales para el crecimiento de la práctica deportiva, junto a una nula cobertura por medios especializados, reside, en gran parte, en la existencia de un sistema binario de género que organiza prácticas sociales a partir de patrones culturales desiguales donde – predominantemente – el varón tiene el lugar de dominio (acción) y la mujer el del acatamiento (reacción): en los hogares, en las escuelas, en los clubes, en los medios de comunicación, en los empleos, etc.

De esa manera, la internalización de estereotipos de roles, valores y cánones femeninos se hace a partir de conceptos tales como “debilidad”- “fragilidad”- “pasividad” – “emotividad” – “responsabilidad”- “amabilidad” – “sumisión”- “belleza” – “buenos modales” – “delicadeza” – etc.. En cambio, lo “masculino” se encuentra articulado por los siguientes significantes: “competencia” – “contacto” – “agresividad”, “coraje” – “destreza”- “pasión” – “resolución”- “acción” – “habilidad” – “liderazgo” – etc.

La transversalidad de género en el deporte es un concepto tan novedoso como lejano, pero tan importante como urgente.
El aspecto más desigual entre hombres y mujeres es la profesionalización y la retribución económica. A ello le sigue una desigual distribución del espacio deportivo, horarios de entrenamiento, indumentaria, instalaciones, capacitación, medios de transporte y sponsoreo. En este contexto, la excepción es la regla.
La prensa deportiva, por su parte, reproduce la inequidad, en tanto sólo un 4% de sus contenidos es destinado a los deportes femeninos, según datos relevados por la UNESCO.

Actualmente existe un escenario poco prometedor para una cercana y plena realización del fútbol femenino en el país. Sus posibilidades dependerán de instituciones (deportivas, educativas y sociales) que, en tanto agentes sociales, sean contenedoras de las conflictividades sociales y singularmente disruptivas a la hora de planificar y ejecutar políticas igualitarias, como también así de un viraje en los medios informativos, colando realidades y problemáticas socio políticas capaces de deconstruir el statu quo y los mecanismos de invisibilización patriarcales.

Miércoles 1, agosto de 2018