Francia, veintiún años después


Por: Lucas Fernández Réndina (Corresponsal / Mundial de Francia)

En junio de 1998 quién escribe tenía sólo cuatro años. Aún con esa corta edad, las diversas sensaciones que la vida ofrece se le presentaban con gran intensidad a ese chico bajito que daba sus primeros pasos en las calles de Caballito. El sonido de las milanesas de la abuela haciéndose en la plancha, el color de un atardecer en Mar del Plata y el olor a lluvia de verano en Buenos Aires formarán una memoria de infancia linda y recordada. Pero, sobre todo, habrá una sensación que se quedará guardada y que marcará más que otras:  el ritual de comprar y pegar figuritas en el álbum del mundial de Francia que aconteció ese año. Los colores de las banderas, las imágenes de los estadios, los nombres de los países participantes en letras grandes y blancas, todo ese festín futbolístico internacional creó en quien escribe una promesa sin fecha de vencimiento: asistir a una copa del mundo alguna vez en la vida.

Veintiún años después, ese chico que deliraba cada vez que su tío le compraba treinta paquetes de figuritas en un solo sábado (la economía también lo permitía hay que decir), viaja a Francia becado.  Es estudiante de sociología. Al terminar sus estudios, se encuentra boyando en España, sin mucho rumbo, sin mucha ambición. Una chispa se le hace presente un día soleado en Madrid mientras charla por celular con su prima, quien vive en París: “Lu, nosotros acá vamos a ir a ver el mundial de fútbol femenino que se juega en junio. Argentina juega dos partidos acá”. Es un milisegundo, quizás es menos, pero en esa fracción de tiempo el niño interior ya ha decidido, para algo ha esperado toda su vida. La misión está hecha y ya no hay marcha atrás, los tickets se compran en cuestión de minutos, la prima abre la puerta de su casa, cómo llegar a Francia se irá resolviendo en el camino. El fútbol vuelve a marcar el camino y el camino es un mundial.

No hace falta aclarar que ese niño fui y soy yo. Hoy un cuasi sociólogo recibido, un periodista en secreto, que veintiún años después se encuentra en Francia, desesperado por ponerse la celeste y blanca y entrar al Parc de Princes a cantar el himno como centenares de veces lo ha visto, en la tele y también vale decir, en figuritas. Una idea potente también se aparece en estos días: ¿Y por qué no jugar también a ser periodista?

Un e-mail respondido oportunamente allana el camino, y acá estamos, en un café de París inaugurando este juego de corresponsal deportivo. Es por eso que me pareció interesante repasar algunas similitudes entre ese mundial que pasó y este que sucederá, en un ejercicio de memoria y nostalgia que creo necesario. Volvamos entonces una vez más a 1998:

Durante aquel verano europeo, en los boliches franceses explotaba el hit “Pata pata”, para quienes no lo recuerden la pueden buscar en YouToube (https://www.youtube.com/watch?v=VeooM1__3yo), una canción noventosa fantástica escrita por la senegalesa Miriam Makeba. Hoy los jóvenes franceses, cuyo gusto musical sigue siendo una incógnita, deliran cada vez que en un parlante bluetooth suena “Toutoublier” de Angèle. En aquel verano, el presidente francés era Jacques Chirac, este año lo pasamos viendo a Emanuel Macrón y sus queridos chalecos amarillos dando vueltas por la calle, claramente no para alabar al actual jefe de gobierno.

En el costado deportivo, en 1998 los países participantes fueron 32, esta vez contaremos con 24. Algo que me pareció curioso destacar, las banderas que se repetirán serán bastantes, precisamente 18: Alemania, Argentina, Francia, Estados Unidos, Inglaterra, Holanda, Japón, Brasil, España, Noruega, Corea del Sur, Italia, Escocia, Chile, Nigeria, Camerún, Sudáfrica y Jamaica, que en ese momento compartía grupo con nosotros. No jugará esta edición Irán, por ejemplo, país que me llamaba muchísimo la atención a mis cuatro años, ya que era el único del cual no se conseguían figuritas ni yendo a la fábrica de Panini: el gobierno no autorizaba a sus jugadores a ser retratados. Hablamos también del país en el que recién en noviembre del año pasado, 500 mujeres pudieron acceder por primera vez a un estadio de fútbol después de 39 años de revolución islámica.

En cuanto a las sedes (como me gustaba pegar las figuritas de los estadios) solo tres repetirán para esta nueva edición: París, Montpellier y Lyon, ciudad en la que se jugará la final el 7 de Julio (en Francia 98 fue un 10 de Julio y en el “Stade de France” de Saint Denis). Grenoble, Le Havre, Niza, Reims, Rennes y Valenciennes completan la lista de ciudades oficiales. Afuera han quedado urbes francesas importantes como Burdeos o Marsella.

Hablando de protagonistas, en Brasil, por ejemplo, no jugará uno que se llamaba Ronaldo, ya retirado, pero si una tal Marta Vieira Da Silva, que leí que la rompe y fue elegida seis veces la mejor jugadora del mundo por la Fifa. En los Estados Unidos no veremos a O’Brien pero si a la mágica Alex Morgan. En Alemania, Marozsan tratará de revivir el espíritu de JurgenKlisman, que en junio del 98 hacia temblar a todas las defensas contra las que se enfrentaba. Me entenderán si confieso que no soy un experto en la materia que hoy nos convoca, pero puedo asegurar que haré un esfuerzo gigante para ponerme a tono lo más rápido posible.

Si seguimos en estas líneas, hay algo más curioso aún para nuestro país: Argentina vuelve a debutar con Japón, veintiún años atrás ganamos 1 a 0 en Toulouse, con gol de Batistuta, que lamentablemente no se hará presente en Francia 19. Tampoco lo hará Orteguita. Pero tenemos para ilusionarnos a Jaimes, Banini y Cometti, que rima con Zanetti, quien metió un gol contra Inglaterra en esos octavos de final chivos. Me acuerdo como una ambulancia prendió su sirena a todo trapo con ese gol cuando yo salía del jardín de infantes acompañado de mi abuela. Esta vez nos vemos la cara de nuevo contra el país de la isla, será en nuestro segundo partido y en Le Havre. Vamos a cerrar con Escocia, nuevamente en el Parc de Princes de París, donde el en 98 le metimos cinco a Jamaica.

En verdad, ya no queda nada, la pelota empieza a rodar mañana con Francia y Corea del Sur, equipos que en el 98 jamás se vieron la cara. En ese mundial, el debut fue triunfo de Brasil sobre Escocia.

Ah, sí, claro…me olvidaba una diferencia esencial: esta vez se trata de un mundial de fútbol femenino. Es decir, en este mundial habrá jugadorAs, con una A bien grande. Si, jugadoras. Repito, con A. Siendo esta última, una letra tan importante que desafiara en cada segundo de juego a la tan (lamentablemente) arraigada frase: “el fútbol es cosa de hombres”. Déjenme decirles que el fútbol no es cosa de hombres, el fútbol es cosa de vida.

Por todo lo dicho, y por mi amor a este deporte, quiero dar mis respetos eternos a estas jugadoras argentinas con A bien grande, que, gracias a su lucha diaria en contra de vientos y prejuicios, desfinanciamientos y olvidos, veintiún años después, le dan la posibilidad a ese chico que pegaba figuritas en Caballito de vivir y cubrir periodísticamente un mundial, y no cualquier mundial, nada más y nada menos que un mundial que se jugará en Francia.

Jueves 6, junio de 2019