EL AGUANTE Y EL FÚTBOL FEMENINO


“El fútbol es de macho” resuena en nuestras cabezas, y basta encender la tv para constatar su falsedad. Que el fútbol sea “cosa de macho”, refiere antes bien a ciertas cristalizaciones de sentido por las cuales “hay que poner más huevos” y “correr a la hinchada visitante”, que a la práctica deportiva per se.

Por: @yamila.larroude (Licenciada en Comunicación Social)

La “masculinidad” construida en y por el fútbol trasciende la práctica deportiva y se reduce a una cuestión de identidades y territorialidades defendidas, a estéticas y retóricas bien definidas, siempre construidas desde el antagonismo. Uno es lo que no es el otro. Y el otro es siempre un “cagón”.

Desde esta perspectiva, un club, gane o pierda, jamás podrá sufrir deshonra gracias al incesante litigio tribunero.
De igual manera, “los jugadores” deben demostrar que “que salen a ganar”, “que quieren salir campeón”, porque las hinchadas repudian los “pecho frío”.

La cultura del aguante es la sombrilla, son los bombos, los tablones, es la pelea, es el canto, es la puteada, el aliento, los aplausos, es robar una bandera, es correr a uno y a otro, es piel de gallina, es taquicardia, es eso que te llena de lágrimas los ojos, es bancarse los descensos, es gozar los ascensos, aguante es eso que te hace ser “macho” porque existe una única manera de vivir el fútbol: teniendo “huevos”.

Varios sociólogos argentinos analizan la cultura del aguante en el fútbol, pero la creciente visibilización del fútbol femenino abre nuevos interrogantes, sobre todo si se tiene en cuenta su falta de desarrollo a nivel nacional: ¿afecta la cultura del aguante la estructuración del fútbol femenino? ¿qué demora tanto su crecimiento? ¿Por qué muchas veces oímos que el femenino no es fútbol?¿Será una cuestión de aguante?

En Argentina, mientras el fútbol es “darle murra” al rival y “poner el cuerpo” hasta “dar la vida por la camiseta”, el femenino disputa el sentido a esas significaciones relativamente estables que conforman el campo discursivo “machista” (aguante – tener huevos – dar la vida por los colores – pecho frío – cagón, etc.) y nada tienen que ver con el deporte.

La falta de profesionalización del fútbol femenino, como también así una cobertura alternativa de la disciplina –  en su mayoría a través de radios digitales – nos acerca a un estado de situación en el que la problemática de género resulta ineludible, en la medida que las prácticas deportivas son alcanzadas por la dicotomia de géneros, y en tanto la cultura del aguante en el fútbol ha cobrado notoria relevancia a lo hora de legitimar la masculinidad.

Julio de 2018