AHORA QUE LAS VEN: Primera mitad de año del fútbol femenino en Argentina


Sin lugar a duda, el Mundial de Francia 2019 fue una vidriera y atractivo para la prensa; la ajena a la disciplina y para la que viene desde hace tiempo cubriendo, al igual que sponsors y clubes para fichar a sus próximas jugadoras.

Por: Macarena Jorge Caamaño (Columnista SFF)

Pero el cambio más importante fue el social, y el impacto provocado tras ver 11 mujeres vestir la albiceleste en un Mundial; un partido televisado en canales oficiales -privados y públicos-, relatores, entrevistas, conferencias de prensa y todo el protocolo a la altura de la circunstancia. El Mundial para las chicas argentinas volvió después de 12 años de vacío, olvido y exclusión.

No se puede negar el crecimiento que tienen y han tenido desde ese entonces muchas escuelas de fútbol para nenas que aspiran con ser una de aquellas guerreras que vio por la televisión. Al igual que las miradas de un sector del periodismo reacio que sólo miraba de reojo al fútbol femenino, como una disciplina inferior y poco “rentable” al público. Lo que tampoco se puede negar es la susceptibilidad al cambio de un sector de la audiencia que se manifiesta en redes sociales; el desprecio, la burla, el machismo y la misoginia característica pero esta vez volcada al fútbol. Un triste fenómeno que las mismas jugadoras han repudiado a través de sus propias redes sociales. Afortunadamente, esos números también hablan, y suelen ser pequeñas minorías.

Pero ¿El Mundial es el verdadero responsable de esta justa visibilización del fútbol femenino en Argentina? De hecho, si retrocedemos a abril de 2018, en el encuentro contra Colombia -donde el conjunto argentino se impuso 3 a 1- en el marco de la Copa América de Chile, podemos responder esa pregunta. La foto del famoso Topo Gigio que circuló por todos los medios del país y de otros países, inclusive, esta vez no era por un gol de Riquelme. Las 22 jugadoras de la Selección Argentina de Fútbol, que estaban entre las 4 mejores selecciones del continente, transitando la fase final de la Copa América, querían ser escuchadas. Hartas de la falta de viáticos, de dormir en micros antes de un partido, de usar camisetas viejas de los varones y de haber tenido solamente siete días para entrenar de cara a una competencia continental. Así fue, fueron escuchadas. El apoyo de la gente se reflejó en noviembre en el partido de ida del repechaje contra Panamá, para clasificar al Mundial, donde coparon la cancha de Arsenal para alentar al albiceleste. Y el despertar de las autoridades competentes, comenzaría lentamente a abrir los ojos.

Ese abril de 2018 fue el momento bisagra en nuestro fútbol nacional, y siguió sacudiendo las raíces de una disciplina que el machismo se ha apropiado y ha excluído a las mujeres de ella, aunque su inclusión, vistas desde una perspectiva social, no ha sido fácil; los estigmas, prejuicios y la discriminación también es una lucha constante para nuestras deportistas. Sin embargo, el 2019 amanecía con un nombre que un gran sector hegemónico de la prensa desconocía, hasta ese momento: Macarena Sanchez. La jugadora santafesina que había sido apartada de la UAI Urquiza, club en donde jugaba, inició una serie de históricos reclamos hacia la AFA para ser reconocida como trabajadora del fútbol y ponerle fin al mundo amateur. Aquel fue otro gran impulso para lo que, meses después, traería la profesionalización de la disciplina. Los reclamos de Sánchez se fueron propagando por todas las redes sociales y medios nacionales e internacionales con el lema #FutbolFemeninoProfesional. La voz de todas aquellas jugadoras que militan en clubes del interior, de la capital y de la Selección se unió en un reclamo sin precedentes.

La lucha continuaba en las redes sociales, espacio elegido por excelencia en tópicos 2.0, y de a poco comenzaban a verse transmisiones de partidos en la televisión y una involucración de medios. Marzo llegó con artillería pesada en materia de fútbol femenino. San Lorenzo y su clásico Huracán abrieron las puertas al público para presenciar el partido previo al encuentro de sus pares varones. De la misma forma se llevó a cabo en la Bombonera el partido de las chicas de Boca contra Huracán, un paso y reflejo más para visibilizar el crecimiento del fútbol femenino.
En marzo también se llevó a cabo la Copa de las Naciones en Australia, donde finalmente nuestra Selección pudo tener un rodaje internacional y sumar minutos pese a los resultados que obtuvieron: tres partidos, tres derrotas. Sin embargo, el Mundial estaba a la vuelta de la esquina, y una gira internacional para medirse fue vista con buenos ojos.

Probablemente el 16 de marzo de 2019 quede en la historia del fútbol nacional, e intercontinental, ya que ese día en el predio de Ezeiza, Claudio Tapia, presidente de AFA firmó el acuerdo para la profesionalización del fútbol femenino. Un acuerdo que comenzó por profesionalizar a los 16 equipos que militan la primera A, y solamente a 8 jugadoras de cada equipo. ¿El resto?  “Es un proceso, un avance y un comienzo” como respuesta a muchas dudas que aún cuestionan al federalismo y paridad del fútbol en Argentina. Sin olvidar la diferencia de sueldos entre las pocas jugadoras profesionales con sus pares varones. De todas formas, marzo fue un mes positivo y esperanzador, y cerró con la posible postulación de Argentina como sede del Mundial femenino de 2023.

Los meses posteriores siguieron dando sus frutos de todo este movimiento femenino imparable en la sociedad y en el mundo futbolístico. Nuevamente el nombre de Macarena Sánchez sonaría con fuerza en las tapadas de todos los medios del país. La jugadora de San Lorenzo de Almagro se convirtió en la primera jugadora de fútbol profesional tras firmar su primer contrato con el club de Boedo. Hecho que generaría un efecto dominó en muchos clubes de primera del país, mas específicamente de Capital Federal, ya que el interior momentáneamente sigue en la sala de espera por la profesionalización. Este puntapié histórico, aparte del reclamo de Sánchez con el apoyo de todas sus colegas de todas las áreas del fútbol femenino, también es un resultado a aquellas luchadoras incansables que se han quedado en el camino. Las mujeres que desde comienzo del siglo XX anhelaban y soñaban con un fútbol profesional que podría haber comenzado simultáneamente con el masculino, pero si de desigualdades se trata, las mujeres han sido sus víctimas en todas las aristas posibles. Un fiel reflejo la labor de “Las Pioneras” quienes también son partícipes de esta conquista.

A días del Mundial, la Selección se despidió de Argentina con un amistoso en San Luis contra Uruguay, con un cómodo 4 a 1 contra el conjunto charrúa. Un partido que dejó excelentes sensaciones de cara a la competencia internacional, en cuanto a la unidad, trabajo, garra y corazón de las chicas. Mientras tanto, los clubes de primera continuaban asentando las firmas en sus contratos e incluyendo a las mujeres en spots de campañas comerciales de camisetas, botines y en escenarios nunca antes conquistados por futbolistas mujeres.

Japón, Inglaterra y Escocia, nada más ni nada menos el grupo D, donde Argentina se midió con pesos pesados. El conjunto albiceleste llegó a Francia siendo el equipo que tuvo menos tiempo de preparación y entrenamiento previo, y probablemente uno de los equipos con más problemas institucionales, económicos y de infraestructura en su país. De todas formas, el empate contra Japón -primer punto en la historia de la Selección femenina en mundiales-, el 1 a 0 abajo contra Inglaterra con la inolvidable atajada de Correa y la histórica remontada contra Escocia estando 3 a 0 abajo, marcó indudablemente un antes y un después en el fútbol femenino nacional. Mostró la garra, el corazón y el amor por representar al país a cambio de nada, porque nada habían obtenido durante tantos años de una predisposición aletargada e inexistente para con la disciplina femenina.

A la hora de realizar un balance de esta primera mitad de año en el fútbol femenino nacional, no podemos negar que han sido meses movidos y positivos, a comparación de la invisibilidad padecida durante eternas décadas. El análisis del presente futbolístico debe ser realizado con un contexto del momento socio-histórico sin precedentes que las mujeres encabezan en nuestra sociedad. Una respuesta a que nada es por accidente o por inercia; que hay tantos derechos que en el fútbol masculino nunca han sido necesarios conquistar, realidad opuesta en la vida de las mujeres. También debemos hacer una lectura de este momento como un proceso, cuyos resultados no son instantáneos y que es un buen síntoma que los cambios celebrados no hayan detenido, sino crecido. Es difícil hacer un balance total de un proceso que se encuentra en constante movimiento, crecimiento y consolidación. Un trabajo que debe ser aportado por los medios, las autoridades y sus protagonistas en el campo de juego.

Si bien la responsabilidad de una igualdad de condiciones y género en el fútbol argentino depende de muchos actores involucrados en instituciones, Estado y autoridades, los medios son la fuerza indispensable que tiene una nueva chance para reapuntar y reivindicar la igualdad, transparencia, honestidad y responsabilidad a la hora de informar.  En épocas de pulgares inquietos y pantallas táctiles, la exposición no suele ser el antídoto para la invisibilización; la visibilización de nuestro fútbol femenino debe ir de la mano con una educación, formación, información e inserción a la audiencia en el mundo del fútbol femenino. Los medios deben enseñar que el fútbol masculino no es parámetro de comparación con sus pares mujeres, ya que sus condiciones de consolidación, desarrollo y posicionamiento no fue ni será el mismo que en el femenino. Esta desigualdad se vió reflejada en un gran sector de la audiencia que criticaba por “festejar el empate contra Escocia”. Un rasgo característico del resultadismo y exitismo argentino: “si no se gana, no cuenta.”

El futuro del fútbol femenino será el producto de este paulatino proceso que avanza a pasos lentos pero firmes. Proceso que debe ser fortalecido con aportes de varios sectores de la sociedad, con sus respectivas inversiones de toda índole. Desde las escuelas de las provincias del interior hasta la Selección Mayor, debe haber un compromiso fijo en materia de difusión, igualdad y visibilización. Tras eternas décadas de un fútbol femenino boicoteado, subestimado y suprimido, el momento histórico actual es un escenario pertinente e ideal para que este proceso no se detenga jamás. Ya no es una cuestión de un material mediático “rentable” o no rentable, sino es una madeja social que para desenredarla primero hay que comprenderla. Ellas comprendieron con el esfuerzo, las críticas y las eternas remontadas que cada jugadora de fútbol a lo largo y ancho del país viven día a día. Mujeres que precisan de una segunda profesión aparte del fútbol para subsistir. “Profesión” aunque muchas no reciban un solo peso desde el fútbol.

El momento es ahora y para siempre; para la nena de la escuelita de fútbol de su ciudad, para la jugadora de la primera B que tiene que suspender su partido porque no tienen cancha y para la capitana de la Selección Mayor que también trabaja de médica. Que la igualdad de género vaya de la mano con el federalismo y la difusión responsable.

Ahora que si las ven, no dejen de verlas nunca más.

Julio de 2019